dissabte, 29 de desembre de 2012

¡Que 2013 nos acerque más a la utopía!

No sé si es una forma muy ortodoxa de despedir el 2012 y recibir el 2013, pero sólo se me ocurre esperar que el nuevo año nos acerque más a la utopía. Es lo que nos queda, compis... al menos, para seguir caminando hacía algún norte, que buena falta hace entre tanta calamidad de la que no somos responsables. Bueno, también se me ocurre compartir este magnífico dibujo que he robado a Azagra de su blog:




PD: Como hay por aquí escrito: "La cometa se eleva más alto en contra del viento, no a su favor" y, aunque se trate de un globo dibujado y robado, me parece que la frase (que tampoco es mía) también puede valer para acompañar el vuelo y, a pesar de todo, desearos un ¡Feliz 2013!

dilluns, 17 de desembre de 2012

Entre tots ho hem de fer tot...

Entre tots ho farem tot. Calendario1978

Se ha iniciado la décima legislatura parlamentaria en Catalunya desde la restauración de la Generalitat  tras la dictadura y, lo confieso, me encanta ver al PP contrariado a propósito del asunto de los “pactos postelectorales” a la hora de configurar mayorías. No es que sea perverso, ni que me guste que la gente lo pase mal, sino todo lo contrario: si a la derecha nacionalista española no le gusta algo, es señal de que cabalgamos y, por lo menos, no lo hacemos hacía el abismo; y eso, en términos de sufrimiento social, es una buena noticia. Más todavía, si la alternativa es la de Alícia Sánchez-Camacho, que durante la campaña electoral pedía compulsivamente el voto “para mantener España unida y acabar con la crisis”. Si se hubieran colmado y cumplido sus deseos y previsiones -de la misma forma que se cumplen en el Estado las del Gobierno de su partido en el ámbito de la política económica-  de la crisis no salimos y, de su modelo de España, mejor ni hablo, que es perder el tiempo. Creo que con las declaraciones de los Werts, Esperanzas y Maragallos es más que suficiente para que nos hagamos una idea.

Si al PP le disgustan cosas como que no existan mayorías absolutas en Catalunya (y menos de su cuerda económica), que se rompa el bipartidismo en mil pedazos y que el protagonismo político pase  directamente de las urnas al Parlament, en vez de ser otorgado a un determinado partido de derechas, a mi me encanta que esto sea así. Creo que la situación creada puede ser (al margen de novedosa y bastante sugerente para los politólogos) muy saludable para la democracia en términos de ciudadanía. Las urnas han sido muy claras: hay que rectificar la política social y ejercer el derecho a decidir en lo nacional. Y, a estas alturas, a nadie se le escapa  que ambos términos van muy relacionados: sin mecanismos de Estado es imposible levantar cabeza socialmente. Pero eso no significa que la independencia sea una poción mágica que lo cure todo. Al modelo nacional hay que darle contenidos, y es ahí donde habría sido trágico dejar todo el protagonismo a CiU. Me parece que esta idea ha sido interpretada por los votos sin matiz alguno.

Tras las elecciones, tenemos un parlamento con una composición compleja, que debe plasmar la voluntad de la ciudadanía desde cuatro variables: derecha, izquierda,  soberanismo  y unionismo (con toda la transversalidad que esas etiquetas entrañan). Con los números sobre la mesa, una primera lectura deja pocas opciones sobre el color del nuevo gobierno: por muchos matices que se puedan poner, la fuerza hegemónica sigue siendo CiU y caben pocas dudas sobre que el mejor situado para ocupar la presidencia del nuevo Govern es el candidato de CiU. Otra cosa es la acción política posible que, necesariamente, deberá ser consensuada. El dilema que se le presenta a  Artur Mas es optar entre seguir con la misma política económica, aparcando la agenda nacional o, lo que es lo mismo, seguir pactando con el PP (opción socialmente minoritaria) o bien, rectificar o matizar su política de austeridad y buscar apoyos desde un Gobierno en minoría, opción que, con este pacto de legislatura (más o menos ampliado o limitado) no me cabe duda que se va imponer, y no tiene por qué ser equivalente a un Gobierno “débil”. Si atendemos a las cuatro variables citadas, no hay otras vías, pero sí diferentes caminos, márgenes y posibles resultados que dependerán de como se combinen esas cuatro variables en la dinámica parlamentaria y, también en buena medida, de la respuesta social.

Desde la vertiente de la propuesta económica, seguro que ésta no era “la mayoría excepcional” que esperaba y deseaba Mas, pero es la que se ha encontrado y es su responsabilidad política asumirla y transitar por ella. No vale tirar piedras a otros tejados para eludir la responsabilidad de su gestión política y, de paso, la voluntad ciudadana. Existen caminos alternativos (otra cosa es que no se quieran ver ni reconocer) que permitirían repartir el coste de la crisis de una forma menos dolorosa socialmente y con un mayor grado de justicia y equidad: otra fiscalidad -más verde y progresiva-, desarrollo de nuevas actividades productivas, impulso de otro modelo de consumo, regulación del sector financiero y del mercado hipotecario… y  así, sucesivamente, detrás de cada medida neoliberal, considerada como inmutable por los adalides de la austeridad, podríamos proponer “contramedidas” más justas, solidarias y, sobre todo, efectivas. El reto es, desde la transversalidad del nuevo Parlament, dar la máxima cabida posible a estos caminos. Aquí, más allá del acuerdo entre ERC y CiU, toda la izquierda debería jugar un papel relevante y esto, sobre todo, debería tenerlo muy claro ERC si no quiere acabar fagocitado y sin identidad. 

En el campo de la autodeterminación, la cosa debería estar mucho más clara: con diez puntos más de participación, existe un amplio consenso (mayoritario) que va desde ejercer el derecho a decidir -sin matices- hasta el independentismo (los 87 diputados que suman CUP, ICV-EUiA, ERC y CiU), frente a los 28 escaños “unionistas” del PP y C,s, a los que podríamos añadir un tercer grupo más “heterogéneo”, vistas sus familias y debates internos: los 20 diputados “federalistas” del PSC, que, en su mayoría, propugnan el “derecho a decidir” dentro del corsé jurídico de la regulación estatal (que, mientras no se demuestre lo contrario, no permite decidir nada…). Pero no creo que se trate de, simplemente, sumar y restar, la cosa es bastante más complicada. Es sorprendente que en campaña electoral, para CiU, el ejercicio de la autodeterminación y la consulta era un camino único e irrenunciable que todo lo podía y, ahora, con una mayoría soberanista más cualificada, ha costado sangre y sudor sacar un cierto compromiso de CiU en este sentido. Se ha pasado del "sin mayoría absoluta no hay derecho a decidir" de la campaña electoral al "sin recortes no hay derecho a decidir (y ya veremos cuando)..." de ahora. Eso tiene un nombre y se llama perversión.

El derecho a decidir no debería estar condicionado, ni, menos todavía, como se pretende vender desde CiU, supeditado a una política de recortes (supuestamente ineludible). Al contrario: se le debería poner cara y ojos, y vincularlo a un modelo social avanzado. Copio y pego lo que escribí en la primera entrada que inauguró este blog, que, dos meses después, encaja muy bien en la nueva situación: Vale la pena que nos preguntemos sobre en qué país queremos vivir ¿Qué tipo de fiscalidad deseamos? ¿Qué modelo de Estado de bienestar? ¿Qué modelo productivo? ¿Cómo se va a redistribuir la riqueza? ¿Se trata de un modelo donde mandan los mercados o lo hará la ciudadanía? ¿Qué forma de Estado? ¿Qué regulación laboral? y podría seguir preguntando hasta el infinito... Tras el 11-S, el 14-N y el 25-N, sería deseable huir de tremendismos, provocaciones (que no van a faltar) y falsas disyuntivas tramposas. Habrá que sumar consensos y generar un debate social abierto -y muy participado-, que culmine en una consulta popular para poner o quitar legitimidades. El nuevo Parlament debe impulsar, garantizar y poner plazos y mecanismos para que todo esto sea posible, si es necesario llegado el momento, anteponiendo la justicia a la legalidad del Estado español. Entre tots ho hem de fer tot...

dissabte, 8 de desembre de 2012

11S+14N=25N


Como es sabido, para resolver un sistema de dos ecuaciones con dos incógnitas podemos utilizar uno de los siguientes métodos: sustitución, igualación y reducción. Yo, como soy letras, le he puesto imaginación y he trasladado el invento a las Ciencias Sociales. Aunque estoy convencido que no tiene ninguna base, ni mucho menos utilidad científica, me parece que como divertimento y reflexión igual sí puede funcionar.

En el periodo comprendido entre el 11 de septiembre de 2012 y después de las elecciones del 25-N, se ha visualizado un escenario social en Catalunya que podría encajar muy bien con la ecuación siguiente:

11S+14N=25N

A partir de la cual, existen diferentes opciones de resolución y lo sorprendente es que, según el sistema que apliquemos, el resultado es distinto. Es lo que tienen las Ciencias Sociales, que son mucho más divertidas que las exactas. Vamos a ello:

Opción 1: Por sustitución: sustituimos 11S y 14N por 25N sin tocar nada más y seguimos pagando justos por pecadores. Seguimos jugando a la puta i la Ramoneta. Si no cuela, se convocan nuevas elecciones y la culpa es de los demás…

Opción 2: Por reducción: “reducción” del déficit a base de recortar el Estado de bienestar y el derecho a decidir (eliminar 11S y 14N, dejando 25N sin valor) o, lo que es lo mismo, seguir pactando con el PP. 

Opción 3: Por igualación: aplicamos este principio a las políticas sociales y nacionales. Escuchamos a la ciudadanía y despejamos 25N  tomando como referencia los valores de 11S y 14N.

A fecha de hoy,  la opción 2 parece descartada (ya veremos hasta cuándo) y todo apunta a que se está gestando algo parecido a la opción 3, pero no se puede descartar que, al final, se imponga la opción 1 o, tal vez, otra variable parecida... La verdad es que hay ecuaciones que son demasiado complicadas. En todo caso, aquí acaba mi humilde aportación al universo matemático. ¡Que Artur Mas despeje las incógnitas!

dijous, 6 de desembre de 2012

La Constitución 'ni-ni'

Imagen tomada del blog Kabila

Rajoy mira para otro lado, ignora los conflictos territoriales, sortea la insatisfacción ciudadana mostrada en dos huelgas generales, no sé cuantas movilizaciones y, por si hay dudas, el último barómetro del CIS y, con tanto regate, ya parece el mismísimo Leo Messi. Asegura el Presidente que la Carta Magna "está vigente" y, por tanto,  no se toca. Ya lo tenemos claro...  Sólo se toca para “el control del déficit”, que, según el credo neoliberal, es mucho más importante que las personas.

De pequeño me enseñaron que hay que conservar y exprimir al máximo las cosas mientras tengan utilidad y, llegado el momento, cuando se hacen inservibles -y ya no tienen reparación ni más utilidad posible-, es tontería dejarlas en medio ocupando espacio, ya que lo único que puede pasar es que tropecemos y nos lesionemos. Lo normal es llevarlas al contenedor -o punto verde- correspondiente y a otra cosa.Con las normas jurídicas, creo que las cosas deberían funcionar más o menos igual. Y si se trata de una "norma de las normas", pues con más razón. La legislación se debe hacer y rehacer por la ciudadanía, para que ésta gobierne su vida y, cuando pasa lo contrario, eso tiene un nombre, antónimo de democracia para más señas... No sé si me explico. En todo caso, feliz puente de la Constitución (que para algo ha de servir)  a aquellos y aquellas que tengan esa suerte.

PD: Por cierto, hace 34 años, no pude votar esta norma, porque era demasiado pequeñito para esas cosas... 

dimarts, 4 de desembre de 2012

Se confirma: Wert es un infiltrado

La verdadera cara del Ministro


Tengo que reconocer que hasta hoy he sido injusto con el Ministro de Cultura, pensando que sus pintorescas actitudes andaban a caballo entre la patología mental y el ADN histórico del nacionalismo español, en su peor tradición fundamentalista de la charanga y la pandereta. Estaba completamente equivocado y, desde aquí, presento mis excusas al Señor Ministro. Tras los últimos acontecimientos, una fuente anónima me ha hecho saber de la existencia de un borrador policial procedente del Departament de Interior de la Generalitat.

Por motivos de seguridad y rigor, no puedo precisar más la fuente, pero estoy en condiciones de afirmar lo que hasta hoy era sólo una sospecha: el Ministro Wert es un peligroso infiltrado del servicio de inteligencia de los Mossos. La fuente detalla que su delicada misión era "reventar el Estado español desde dentro" y, por ahora, no cabe duda de que lo está haciendo muy bien. No entiendo como, a estas alturas, ninguno de esos prestigiosos y avispados diarios patrios como El Mundo, por citar un ejemplo, no se han entrado de este delicado asunto y lo han puesto en conocimiento de Rajoy de forma inmediata.

dilluns, 3 de desembre de 2012

El Capital, Costa-Gavras

Los perdedores cada día pierden más y los ganadores cada día ganan más. Esto es esencialmente lo que está ocurriendo en nuestra sociedad.

El Capital, Costa-Gavras.

Creo que es una excelente propuesta; una de esas películas oportunas y necesarias, en el sentido Brechtliano del término y, más todavía, viniendo de donde viene. Por desgracia, me temo que no van a faltar argumentos, ni fuentes de inspiración, para directores como Costa-Gavras o el maestro Loach. Corren buenos tiempos para el cine político -y para los sinvergüenzas de guante blanco- y malos, muy malos, para la mayoría de la ciudadanía.

dimecres, 28 de novembre de 2012

Curs bàsic de rus per a Rajoy

Senyor President del Govern:

Si, malgrat el clam social, de les dues vagues generals, del sofriment de la ciutadania, dels desastrosos efectes econòmics i l'ineficàcia absoluta de les seves polítiques..., s'obstina a seguir governant amb un programa no avalat ni votat pels seus conciutadans i conciutadanes; si, malgrat tot això, no contempla ni tan sols la possibilitat de consultar a la societat per la via d'un referèndum, avalat per milions de signatures... No pateixi vostè; aquí li proposo una altra possibilitat que, amb tot el respecte, crec que hauria de contemplar seriosament: un curs bàsic de rus...


Curs bàsic de rus per a Rajoy


 PD: Que tingui vostè un bon dia.

diumenge, 25 de novembre de 2012

#25N: CiU y PSC castigados y todo está por escribir...


Artur Mas, aunque es un solvente político profesional y un profesional de la política eficiente (que, aunque se trate de un simple cambio de orden léxico, no significa lo mismo), tras los recortes más duros en décadas aplicados sobre la ciudadanía, y después de ser el alumno más aplicado, aventajado y precoz del fundamentalismo de la austeridad, no ha logrado eludir la factura electoral y, en el mejor de los casos, se le podría atribuir que ha logrado un aprobado muy justo en lo electoral, pero ha suspendido sin paliativos el examen político. La matrícula de honor (a la que aspiraba) hubiera sido la mayoría absoluta, pero, por suerte, en esta ocasión la ciudadanía ha ido más allá de los intereses partidistas de la derecha catalana y ha puesto las cosas en su lugar. Seguramente, ahora empieza lo complicado para el más que probable futuro President, y haría bien en recordar sus machaconas palabras durante la campaña electoral: aquello de propugnar “mayorías y soluciones excepcionales” para “tiempos excepcionales” y, desde ahí, pedir “excepcionalmente” prestado el voto. Una gran parte de los diputados convergentes se sentarán en sus escaños con un préstamo condicionado, proveniente de un electorado que no es el suyo (y, más pronto que tarde, una gran parte de esos votos, igual que ha llegado, se irán a otro lugar).

El crédito electoral cosechado por CiU me sigue pareciendo muy generoso (mucho más de lo que se merecen, bajo mi punto de vista…), pero no llega, ni de lejos, para cubrir la hipoteca de la mayoría absoluta. Esta es la primera buena noticia: una mayoría absoluta de la derecha convergente hubiera sido social y nacionalmente devastadora. Segunda buena noticia: el bipartidismo, por si quedaba alguna duda, ya es historia en Catalunya. El PSC se sigue su travesía por el desierto (que parece no tener fin) y pasa de reivindicarse durante la campaña como el “antídoto federalista” de la guerra de banderas entre CiU y el PP a -como ya escribí en otra entrada-  quedarse sin banderas ni soldados para ir a ninguna guerra. Es el resultado lógico: no se puede vender federalismo y justicia social con semejante bagaje. Lo que ha intentado el candidato Pere Navarro es algo, en la mejor de las acepciones que se me ocurre, esperpéntico y, al final, el PSC es el máximo (y me atrevería a afirmar el único)  responsable de su particular vía crucis. Al fondo de la caverna, el PP de Alicía Croff se queda casi igual y los neolerrouxistas de Ciutadans les comen la merienda. Con su pan se lo coman ambos, como buenos hermanos.

En la otra orilla, el sorpasso anunciado de ERC, la subida de ICV-EUiA y la eclosión de las CUP han roto la estrategia mesiánica y oportunista de Artur Mas y abren caminos por la izquierda (repito, por la izquierda). Estas formaciones recogen una parte inmensa del testigo de la ciudadanía que tomamos las calles el 11-S y el 14-N. Son caminos dibujados entre todos y todas desde la diversidad, con la movilización, la reflexión y los votos, que con toda seguridad, tocará transitarlos y darles sentido con más movilización, más reflexión y, cuando toque, más votos. La dimensión social es inseparable de la dimensión nacional, también cuando hablamos del derecho decidir y a lo largo de esta legislatura tocaría decidir cómo queremos los catalanes y catalanas relacionarnos con el mundo y, al mismo tiempo, decidir sobre el modelo social en el que queremos vivir y pervivir y, si para que eso sea posible, la legalidad es un impedimento, habrá que poner la democracia por delante de ella y superarla. Eso se llama evolución y es el motor de la historia.

Creo que estas elecciones han sido las más relevantes desde 1931 y, con el resultado sobre la mesa, la ciudadanía, a pesar de los fuegos artificiales y artificiosos de  la campaña, se ha puesto delante de la política y se expresado muy claramente: hay que cambiar el rumbo y toca ejercer el derecho a decidir en lo nacional y en lo social. En estos tiempos de neoliberalismo desbocado es urgente dar la vuelta a la tortilla y construir una Europa política y social, que ponga la economía al servicio de la ciudadanía, no al revés, y el encaje nacional de Catalunya -al igual que el social- en esa Europa no puede ser otro que el que decidamos, recuperando la vieja máxima del PSUC, los que trabajamos y vivimos en ella, desde la democracia y la plena participación social, sin esperar que nadie lo haga por nosotros. Todo está por escribir...

Catalunya: CiU sin mayoría absoluta y... todo está abierto




Espero que se confirme el sondeo a píe de urna de TV3. Los grandes movimientos se dan en la orilla de la izquierda: el sorpasso de ERC, la subida de ICV-EUiA (esperemos al recuento...) y la eclosión de las CUP romperían la estrategia mesiánica y oportunista de CiU. Estas formaciones recogen una parte inmensa del testigo de la ciudadanía que tomamos las calles el 11-S y el 14-N. La dimensión social es inseparable de la dimensión nacional, también cuando hablamos del derecho decidir. 

El crédito electoral atribuido a CiU se antoja muy generoso (mucho más de lo que se merecen, bajo mi punto de vista...) pero, parce ser, no va a llegar ni de lejos para cubrir la hipoteca de la mayoría absoluta, y esta es la primera buena noticia: una mayoría absoluta de la derecha convergente hubiera sido social y nacionalmente devastadora. Segunda buena noticia: parece que el bipartidismo, por si quedaba alguna duda, ya es historia en Catalunya... ¿PP y PSC se disputarán la tercera plaza?

Veremos como evoluciona la noche...





dijous, 22 de novembre de 2012

PP Style

El parlamento de las ratas, de Sánchez Casas

Hoy los titulares de prensa andan bien surtidos: sigue el espectáculo de desvarío... Tras colmar el ranking de la sandez en el campo las declaraciones políticas, se suman los disparates mediáticos, que, a su vez, disparan los resortes del esperpento jurídico. El Mundo acusa a Mas del asunto de la cuenta en Suiza y las comisiones; el Ministerio del Interior no encuentra las pruebas y el círculo del esperpento se cierra cuando el fiscal general del Estado reprende al fiscal jefe del Tribunal Superior de Justicia de Catalunya por abrir diligencias contra El Mundo por presunto delito de calumnia contra el presidente de la Generalitat. Creo que no cabe duda de quien ha disparado la bala, lo difícil es encontrar quien la puso en la pistola, aunque la cosa huele demasiado al PP Style, el de las dos líneas de investigación de Acebes.

Es demasiado casual que, justamente, la cosa se active a una semana de la hora de votar, con unas encuestas abiertas que alejan a CiU de la mayoría absoluta y predicen una situación política completamente inaudita y abierta, donde el derecho a decidir -social y nacional- se podría dibujar con los argumentos de la sociedad real.  Más extraño es todavía el grado de chapuza del tema, parece hecho a propósito ¿realmente son tan tontos? Igual, en realidad son muy listos y se trata de la cosa acabe acercando más CiU a la mayoría absoluta que beneficiando (que también) a un PP experto en crecer sembrando odio y crispación. No sé, quizás en Génova analizan que el negocio vale la pena: siempre será más fácil tratar con una mayoría absoluta con la que comparten política económica e ideología neoliberal. Al final, el dinero puede unir más que las banderas.
 
Como la inmensa mayoría de la sociedad, no tengo ni capacidad, ni información suficiente para poder llegar al fondo de este tejemaneje, pero, al menos por ahora, sí puedo opinar y argumentar, que es mucho más que lo que hacen algunos llamados periódicos. Con semejante barullo mediático, se nubla el cielo y la oscuridad dificulta cosas como la reflexión y el razonamiento sobre las cuestiones relevantes o razonables para la ciudadanía. El hilo de la campaña se desvía hacía espacios impredecibles, y me parece un lamentable espectáculo de fuegos de artificio inmorales y antidemocráticos: una repuesta en la línea un establishment que gobierna unos resortes que no quiere soltar y, menos, empujados por una opinión pública movilizada. El domingo toca votar, pero me temo que esto sólo son los entremeses de un indigesto menú. Habrá que pensar muy bien donde ponemos la papeleta.

dimecres, 21 de novembre de 2012

Catalunya: Cospedal filóloga y otras sandeces...

Decía Cospedal estos días, durante su visita electoral a Catalunya, en un intento de montar un ingenioso juego de palabras, algo así como que el apellido de Artur Mas no se corresponde con la naturaleza del candidato, ya que "en vez de sumar divide". Me parece que la señora Cospedal debería hablar con el señor Wert, para que, en su calidad de ministro de educación, la españolice un poquito en lo que a sus conocimientos de castellano se refiere, por aquello de que el adverbio "más" (al que me imagino que se refería) se escribe con acento y, como es evidente, no creo que tenga nada que ver, etimológicamente hablando, con el significado del apellido del candidato convergente ya que, si no me he informado mal, se desconoce el significado (igual que una gran parte del programa de CiU, por cierto). Tal vez, la señora Cospedal ha indagado sobre el tema y quiere compartir el resultado de sus pesquisas por aquello de amor a Catalunya que, últimamente, tanto procesa el PP (andemos con ojo, que hay amores enfermizos y posesivos que acaban muy mal...). Su declaración está en perfecta sintonía intelectual con otras perlas como los 3.000 años de historia de España de Esperanza Aguirre: era tal el avance, que en la edad del bronce ya se inventó el Estado moderno y los fenicios andaban alucinados y muertos de envidia, como los catalanes… Y no podemos olvidarnos de la equiparación entre independentismo democrático y holocausto nazi, hecha por Marcelino Iglesias, ayudando al debate desde las filas del otro gran partido estatal.

Yo creo que todo esto es un montaje de las fuerzas vivas de la charanga y la pandereta para comer la moral al Candidato de ERC, Oriol Junqueras, de formación historiador, dado que -con tanta encuesta- los dos grandes partidos mesetarios deben andar muy excitados por el segundo puesto (por motivos bien distintos) en el ranking electoral del día 25. Lo cierto es que el grado de sandez, durante esta campaña está alcanzando límites estratosféricos y, en el fondo, puede que al final tanta tontería no nos deje ver cosas tan tangibles como el drama cotidiano que significan los recortes -y la austeridad dogmática- para toda la ciudadanía (por cierto, a estas alturas de la campaña, la única formación parlamentaria que ha puesto el debate en estos términos de una forma clara ha sido la candidatura encabezada por Joan Herrera, ICV-EUiA). Si al final, con tanta distorsión,  no cotejamos bien los argumentos y damos la mayoría absoluta a CiU, me pregunto cuánto durarará la escenificación “poli bueno-poli malo” entre CiU y el PP y, me temo, que no demasiado: en esa tesitura, no tardaríamos mucho ver a Artur Mas cambiar la estelada por las tijeras, y seguir recortando hasta que no quede ni un atisbo del Estado de bienestar. Sería aconsejable seguir movilizados y, el domingo, romper -desde la izquierda- la estrategia mesiánica y oportunista de CiU, recogiendo el testigo de las calles el 11-S y el 14-N. Que tinguem sort…

dijous, 15 de novembre de 2012

Desahucios. De pirómanos a bomberos...



Los pirómanos, finalmente, se transformaron en bomberos y se han puesto manos a la obra: PP y PSOE negocian sobre los criterios para evitar desahucios y, haya acuerdo total o parcial, o no lo haya de ningún tipo (cosa poco probable), el hecho es que, con carácter inmediato, se aplicarán las primeras medidas: el Gobierno acaba de comunicar esta mañana que el decreto-ley para frenar los desahucios se aprobará hoy y contendrá las medidas más urgentes para "proteger a los que menos tienen". Bonitas palabras… Lo que hay que preguntarse es como hemos llegado hasta aquí y quién está empujando para que se tomen medidas políticas. La repuesta a la primera cuestión la encontramos en la inacción (o acción hacía intereses ajenos a la ciudadanía) por parte de los últimos Gobiernos, con mayorías políticas de ambas formaciones. En cuanto a la segunda pregunta, no me cabe la menor duda que el mayor peso detrás de esta sobrevenida sensibilidad política la tiene la presión ciudadana, ayer fue el mejor ejemplo.

Dos preguntas oportunas más: ¿Donde están las formaciones políticas que en los últimos años más han denunciado esta tropelía y han puesto alternativas sobre la mesa? ¿por qué motivo los dos grandes partidos del establishment impiden su participación a la hora de legislar sobre la cuestión? y, sigo preguntando, que es muy saludable: ¿Dónde queda la participación de la sociedad civil? ¿Dónde quedará la ILP sobre la reforma de la ley hipotecaría? La repuesta, al tiempo... Me temo que estas medidas se quedarán en una pequeña tirita que no podrá frenar esta tremenda hemorragia social que estamos padeciendo. Poco, tarde y mal... Las responsabilidades políticas las podremos pedir desde el voto y la movilización (y me temo que de movilización tendremos para rato...). El drama es que la responsabilidad moral es ya incuantificable y, por desgracia, es demasiado tarde para los que no están.

dimarts, 13 de novembre de 2012

#14-N: no hay excusas...






*Entrada actualizada el 14/11/12 a las 23:00.  Tras lo visto y experimentado estas últimas horas, la sensación que me queda es que... ¡estamos vivos!

diumenge, 11 de novembre de 2012

El más inútil de los votos



Leo en la prensa de hoy, sobre la campaña electoral de Catalunya, que el señor Pere Navarro, se presenta como el único que puede parar "los recortes y la guerra de banderas" que libran CiU y PP en los últimos meses. Me parece un pelín pretencioso para un candidato cuyo único mérito es ganar el congreso de su partido, por ahora. Un candidato de una formación política de la que no sabemos muy bien como interpretar eso del federalismo... ¿Preguntamos a Rubalcaba? ¿lo hacemos a Chacón? ¿a Guerra o a González? Tal vez si preguntamos en el PSC, en vez de el PSOE... ¿A Nadal? ¿a Tura? ¿a Ernest Maragall?... Uy, perdón, no recordaba que el exconseller ya no milita en el PSC. Y puestos a preguntar, me pregunto dónde han estado todos estos "federalistas" que surgen ahora, como los caracoles tras la tormenta, los últimos treinta años. Es todo un problema encontrar un interlocutor o interlocutora que aclare algo en lo programático.

Es bastante complicado, ciertamente, ser del PSC, con las perspectivas que se avecinan, si hacemos caso a las encuestas, pero no me dan ninguna pena. Están donde están por méritos (o deméritos) propios: al margen de su indefinición sobre algo tan sencillo (al menos desde una óptica de alguien que se reclame de izquierdas) como poner la justicia delante de la legalidad en un tema tan cristalino como la exigencia mayoritaria por parte de la ciudadanía de Catalunya de un referéndum sobre el derecho de autodeterminación, siguen pagando el precio político del PSOE, su hermano mayor estatal: el que se debe a un lectorado de izquierdas y hace políticas de derechas se derrota por sus propios méritos. El voto al PSC me parece el más inútil de los votos con diferencia (aunque no el más nocivo, todo hay que decirlo...), tanto si lo miro desde la vertiente de la reivindicación nacional, como si lo hago desde la óptica de la izquierda (si es que es posible separar estos dos aspectos, que diría que no...) y, a pocos días de las elecciones, al leer las declaraciones del candidato Navarro solo se me ocurre plagiar al gran Eugenio:  Saben aquel que diu... que va un candidato y dice que "se presenta como el único que puede parar" no se que guerra de no se que banderas... y cuando acaban las elecciones, resulta que está tan desarbolado que no le quedan ni soldados, ni banderas para ir a la guerra.

dijous, 8 de novembre de 2012

Per què em vaig manifestar el 11 de setembre (i per què no penso votar CiU)


Vull una Catalunya lliure. Per això em vaig manifestar el 11 de setembre a Barcelona. Vull una Catalunya lliure de banquers corruptes i usurers, on l'habitatge no sigui un luxe especulatiu i les execucions hipotecàries, la norma, mentre segueixen munts d'habitatges buits, on no es produeixin enganys impunes com les clàusules sòl o les preferents. La vull lliure de Millets, Montulls, Undargarines (i, si pot ser, també de Cristinas de Borbó), lliure de fills de Pujol que es comporten com señoritos, d'especuladors i polítics mentiders que, sense pudor, s'emboliquen en la senyera per justificar retallades socials i apliquen les mateixes receptes que la dreta de l'altre costat de l'Ebre Vull un país on es distribueixi la riquesa i, en el fiscal, s'apliquin el progressisme, la justícia i l'equitat; on no manin els bancs i els mercats i sí els ciutadans i ciutadanes. On no hi hagi una reforma laboral retrògrada i unes tristes polítiques generadores de misèria i desigualtat. Desitjo una República sense Borbons, on les urnes (i no les braguetes descordades) posin i treguin, i hi hagi mecanismes vàlids de control social sobre els òrgans de l'Estat. On siguem el poble els que, sobiranament i des de la diversitat, decidim la nostra forma d'Estat, la manera de definir-nos, de viure les cultures (i ho escric en plural), de sentir-nos, de perviure i de relacionar-nos amb el món que considerem més oportú. Ho desitjo solidàriament. Per això em vaig manifestar el dia 11. Per a Espanya, vull exactament la mateixa cosa: més Machado, més "maza", més idea... i menys "caverna" i "cerrado sacristía"Per això em vaig manifestar el dia 15 de setembre a Madrid.

PD: Aquesta entrada, anteriorment, va ser publicada com Carta al director a El País (16/9/12) i a El Periódico (18/9/12) i, com entrades, en els blogs Cualquiera Vale i Litteratura.

dimarts, 30 d’octubre de 2012

El tren del 14-N



Me gustan los viejos trenes, las estaciones secundarias, el olor de las vías… Me encanta ver el color del paisaje que se transita y, como, de forma suave y casi sin darnos cuenta, va cambiando hasta que llegamos a la estación de destino. Normalmente, el billete lo compramos nosotros y así decidimos, no sólo hacia dónde vamos, sino cosas, aparentemente nimias, como el número de paradas, el confort del asiento, la hora del viaje o si el convoy tiene cafetería o no. También suele ser una decisión personal viajar solos o acompañados o, en su caso, compartir el viaje. Hay otros trayectos que, de forma cotidiana y repetitiva, realizamos obligados, por aquello de la necesidad de vender nuestra fuerza de trabajo a fin de poder vivir y pervivir. Son viajes mucho menos románticos, pero, poco o mucho, también tenemos una cierta capacidad de elección; habitualmente podemos elegir el tipo de transporte, el itinerario y, a veces, hasta en qué invertimos el tiempo de tránsito: podemos leer el diario, una novela, escuchar música u observar al resto de pasajeros. Cuando se viaja, la capacidad de elección me parece esencial. Creo que es un termómetro del grado de libertad personal que, en cada caso, tenemos. No es lo mismo, por ejemplo, recorrer Irlanda de vacaciones, de la bicicleta al tren y del tren a la bicicleta, que tomar cada mañana un autocar de empresa para dirigirse a un polígono industrial, aunque el autocar sea el colmo de la confortabilidad y en Irlanda llueva mucho.

Los problemas empiezan cuando perdemos completamente esa capacidad de elección y no podemos decidir ni el billete, ni el destino, ni el medio de transporte. En ese caso, nos vemos obligados a plantearnos las diferentes opciones que tenemos. Podemos no pensar, dejar que las cosas transcurran y no hacer nada, de la misma forma que la pobre vaca no es consciente de que, tras el viaje en el vagón, le espera el cruel matadero. También podemos reflexionar y actuar para reconducir la situación y tratar de bajarnos de ese tren y buscar otro, por muy duras y tremendas que sean las circunstancias. Una de las cosas más relevantes que nos distingue al género humano del resto de géneros es, precisamente, esa capacidad de discernir. Es uno de los rasgos, tal vez el único, que nos hace libres. Nacemos libres y la vida es un conflicto perpetuo por mantener el perímetro de esa libertad, tanto si hablamos en el plano individual, como si lo hacemos colectivamente. Cada vez más, tengo la sensación de que nos hallamos viajando en una espiral donde todo se acelera y, progresivamente, vamos perdiendo la perspectiva de donde estamos y hacia qué lugar nos dirigimos.

Nos encontramos (o mejor debería utilizar “nos perdemos”) en un trayecto de austeridad hacía el tres por ciento de déficit en el que, no sabemos muy bien cuándo, ni cómo ni por qué, nos han subido sin preguntarnos nada. Viajamos sobre un tren desbocado, dónde a medida que aumenta la velocidad y avanzamos en la vía, el precio del billete se incrementa más y más, sin control ni previsión. Es un penoso tránsito que estamos alimentando a base de quemar un combustible social acumulado a lo largo de décadas, una materia prima que parecía que ya era nuestro patrimonio: atesorada y cuidadosamente clasificada en los perímetros de nuestra libertad a lo largo de muchas generaciones. Esa materia prima es muy diversa y tiene muchos nombres (y apellidos): se llama degradación de la sanidad pública, recortes en educación, menos recursos para las personas dependientes, recortes en ayudas al desarrollo, investigación e inversión pública. Se llama destinar enormes cantidades de dinero público para tapar un agujero generado por el sector financiero, al mismo tiempo que se recortan (y ultrajan) cosas como la regulación laboral, el sistema público de pensiones o libertades civiles como los derechos de reunión y manifestación. Se llama degradación de la democracia, en la medida que se aplican sobre la ciudadanía rectas que no han sido votadas por ella (ni explicadas, ni pactadas, ni consensuadas…) impuestas por unos actores ajenos, fríos y sin alma, llamados mercados financieros.

El peaje social que pagamos por este viaje se hace difícil expresarlo en unas líneas, ante una pantalla de ordenador, aunque basta con echar una mirada a nuestro entorno para hacerse una idea. Habría que indagar sobre cómo se sienten los seis millones de desocupados y desocupadas, o más de la cuarta parte de la ciudadanía, que vive por debajo del umbral de la pobreza. Se debería preguntar también a las cientos de miles de familias, que son víctimas cotidianas de desahucios hipotecarios, o a las tres generaciones que comparten el piso de los abuelos y dependen de una triste pensión o de unas ayudas que no siempre llegan. Y, puestos a preguntar, también lo podríamos hacer a los que ya no están por qué no han podido resistir la presión, lástima que llegamos tarde. Sentimientos, frustraciones y desesperanzas dibujan un tercio de la sociedad condenado a no poder salir del túnel. Se trata de una pobreza cada vez más severa que parece no tener fondo, pero, eso sí, es muy moderna y competitiva, como mandan los que mandan, que, por supuesto, tienen muy poco que ver con los que votamos (o no votamos) de manera regular. Por desgracia, no estamos solos en la adversidad, es lo que tiene la globalización: el alien neoliberal recorre Europa (y el mundo) y, parece ser, que, si no ponemos remedio, al final el tren descarrilará y se llevará todo por delante. 

Es en esta vía muerta donde nos toca decidir: no hacemos nada y vamos, como el ganado, directos al matadero o nos bajamos del tren. Es urgente buscar nuevos caminos desde la movilización -y el voto- que liberen Europa de los lobbies financieros y la ponga al servicio de las ciudadanas y los ciudadanos. La huelga general del próximo 14 de noviembre (la segunda en menos de un año), cobra aquí todo su sentido. Se trata de una movilización que supera lo estrictamente laboral, con un  peso enorme de toda la sociedad civil y, al mismo tiempo, una dimensión de ámbito europeo que, globalmente, trata de responder a las políticas -también globales-, de desgaste y recorte de todos y cada uno de los Gobiernos de la UE. Una movilización a escala europea, pondrá el debate más en su lugar y, sin duda, será un sendero útil para ayudar a cohesionar socialmente a toda ciudadanía de la UE, que buena falta nos hace. Tal vez sea un primer paso para que, al fin, seamos nosotros los que podamos decidir el billete, el destino y el medio de transporte de nuestro futuro y el de nuestros hijos. Yo, como he escrito al principio, me quedo con los viejos trenes.

dissabte, 27 d’octubre de 2012

Estado de bienestar 2.0


A mediados del XXI, en un lúgubre apartamento de apenas treinta metros cuadrados, una carta fue hallada junto al cadáver de Manuel. Su cuerpo presentaba signos de abundantes patologías crónicas y lastres físicos, fruto de la conjunción de una asistencia sanitaria parca y limitada con una vida laboral dilatada hasta más allá de los setenta años, con largas jornadas de trabajo en un sinfín de ocupaciones y poco, muy poco tiempo para el ocio. Los ojos del difunto y un extraño gesto facial sugerían una mezcla de alivio y tristeza. Sus últimas palabras, según explican sus compañeros de piso, fueron un frustrado y amargo "no era eso, joder...". La carta, ya amarillenta, fechada varias décadas antes del momento de la defunción, tal vez explica algo de esa última expresión de su rostro, de sus últimas palabras. El texto, todavía perfectamente legible, rezaba así:

"Hoy me ha iluminado la luz neoliberal del señor Adam Smith y, por fin, he logrado comprender esa redefinición del concepto de bienestar que, últimamente, está tan en boga en las modernas recetas económicas que, tozudamente, nos están aplicando nuestros gobernantes. Me he dado cuenta de la verdad: hemos de ser solidarios, que la cosa está muy mal. Es momento de ser prudentes y, sin quejarnos, poner la otra mejilla y pagar el peaje que toca por estos años de locura, dilapidación de recursos y desvarío en los que hemos vivido por encima de nuestras posibilidades. Hay que seguir transfiriendo más capital del trabajo a la banca para poder reestructurar nuestro maltrecho sistema financiero. Debemos eliminar esa cosa tan antigua y trasnochada llamada regulación laboral: abaratar y facilitar más el despido e individualizar más todavía la negociación colectiva, para dar oxígeno a nuestro abnegado empresariado y, de esa manera, posibilitar que los brotes verdes del empleo sean una realidad en el futuro.

Y, como no podíamos seguir por este camino de orgía y derroche, también habrá que limitar y acotar los límites de eso tan perverso llamado Estado de bienestar, una cosa anacrónica que limita la sabia mano invisible del mercado, e impide que pueda desarrollar toda su creatividad y proyectarla sin cortapisas a toda la sociedad. Seguro que viviremos mejor y seremos más ingeniosos sin papá estado que nos proteja y, a poco que nos lo propongamos, encontraremos la manera de vivir y pervivir mejor, prescindiendo de cosas tan superfluas como la sanidad universal o la educación pública, por no hablar de los subsidios y prestaciones por desempleo que, ya se sabe, atrofian el ingenio y fomentan el parasitismo y la holgazanería social.

Como ya plantean varias voces autorizadas e intrépidas de la derecha (más allá del blandengue de Rajoy), hay que reformular el modelo de Estado y eliminar de un plumazo las Autonomías, los Consejos comarcales, las Diputaciones que hagan falta… y que las competencias -y la gestión- de las cosas importantes (como sanidad, educación y justicia) sean asumidas por un estado fuerte y centralizado (o directamente por los mercados), superando así, esas monsergas como la plurinacionalidad del Estado o la disparatada idea de acercar el gobierno a los ciudadanos (cosas de rojos)  y, si eso entra en conflicto con el mandato constitucional, pues, en nombre del control del déficit, se reforma la constitución y punto, que no sería la primera vez.

Siempre habrá desagradecidos, miopes y heréticos que renieguen de la fe verdadera del neoliberalismo y no comprendan cosas tan razonables como que en estos oscuros tiempos, los bancos privados, a quienes suelen financiar los bancos centrales a un 1% puedan beneficiarse de un tipo al 0,01% y, en las mismas circunstancias, algunos Estados, por el contrario, deban pagar tipos 600 u 800 veces más elevados y, en esa línea, planteen ideas tan disparatadas como que el BCE ejerza como tal, protegiendo la estabilidad de los precios, e intervenga para hacer bajar el coste de la deuda pública o se planteen recetas tan exóticas como reformas fiscales y financieras a escala europea, cambios profundos en el modelo productivo o inversión pública, con el fin  de liberar Europa de los lobbies financieros y ponerla al servicio de las ciudadanas y los ciudadanos.

Caminemos pues, con firmeza y convicción, por el camino verdadero del neoconismo, alejémonos de izquierdistas trasnochados, perroflautas, sindicalistas y demás agoreros de poca fe. Ante la disidencia, no es necesario que analicemos las causas que la provocan, bastará con que endurezcamos el Código penal y recortemos la libertad de reunión y expresión hasta donde sea necesario: descuarticemos el movimiento sindical, penalicemos las convocatorias por Internet, la resistencia pasiva… y eliminemos todos los obstáculos que nos aparten del sagrado objetivo del control del déficit y de la confianza de los mercados financieros, hasta que -como dijo Berthold Brecht- ya no quede nadie que pueda hablar. Seguro que, tras la travesía en el desierto y la penitencia, volverán a florecer los derechos perdidos (sea por generación espontanea o graciosidad de los mercados), y el nuevo Estado de bienestar 2.0 renacerá de las cenizas de su anterior versión cual ave Fénix, mucho más moderno y completamente innovado, y los ciudadanos, ahora sí,  por fin seremos felices y comeremos perdices."

No sabemos si la carta fue escrita por el difunto o no, pero una cosa está clara: al final, aunque ni comió perdices, ni fue feliz,  Manuel encontró su propio estado de bienestar.

divendres, 26 d’octubre de 2012

Catalunya ¿Qué transición nacional?


Escribió el revolucionario Chino Zhou Enlai que todos los países, sean grandes o pequeños, fuertes o débiles, deben gozar de igualdad de derechos en las relaciones internacionales. La cita viene a cuento por aquello de que al señor Enlai, por distancia cultural, geográfica e histórica, nadie le podrá acusar de tener arte ni parte en todo este embrollo mediático que está provocando el tema de que Catalunya pueda ejercer su derecho a autodeterminarse y decidir la forma de relacionarse con el mundo que sus ciudadanos y ciudadanas consideren más conveniente. Es alucinante el revuelo que puede generar algo tan sencillo como la democracia y muy triste que la visceralidad y la ignorancia formen un cóctel tan demoledor, que sí es capaz de separar personas (y no los referéndums o las aspiraciones colectivas sociales, nacionales o del tipo que sean). Todo vale para ser manipulado en pro de los oscuros intereses y privilegios de siempre. En Catalunya lo normal debería ser aplicar aquel principio de la teoría política que sostiene que, aunque los derechos, más o menos “absolutizados”, se regulen en las constituciones, su  existencia es superior y anterior a todo pacto constitucional y, de esa manera, su reconocimiento a través de la historia, ha ido creciendo a medida que las sociedades han ido progresando. Tampoco faltan ejemplos prácticos de su aplicación como Escocia o Quebec, por citar dos casos. En esa línea, el ejercicio del derecho de autodeterminación no tendría que ser un problema, sino una solución para potenciar cambios y hacer posible el progreso impulsando transformaciones democráticas, políticas y sociales para avanzar colectivamente. En el caso del Estado español la pregunta es: ¿Qué impide que esto sea así?

Razones históricas

Es imposible responder a la cuestión precedente de una forma sencilla, ni en una sola dirección, ya que en las posibles repuestas se mezclan muchos condicionantes que van de lo histórico a lo político, y de lo político a lo sociológico. Sin duda la actual configuración del Estado y sus problemas territoriales tienen mucho que ver con su implantación histórica, en el siglo XVIII, por parte de la dinastía Borbónica, que, tras la Guerra de Sucesión, se basó en la imposición de un modelo que no se ajustaba al carácter diverso de la ordenación política (y cultural) peninsular. Hasta entonces, hablamos de diferentes estructuras políticas (que se corresponden con pautas sociales también diversas) que, desde el siglo XVI, comparten -no sin conflictos- la monarquía Austria, pero mantienen perfectamente sus rasgos propios con una fórmula que, salvando las distancias, podríamos decir que se trataba de un modelo confederal. Tras el decreto de Nueva Planta, esto se rompe en mil pedazos, y, bajo una forma de Estado artificiosa e impuesta, con desarrollos políticos, sociales y territoriales desiguales, llegamos al siglo XIX, donde el fracaso de la revolución liberal en España (entre otros factores), hace que las diferencias políticas y las dinámicas de conflicto de tipo social (movimientos obreros y campesinos, básicamente) y territorial (como el surgimiento de catalanismo político) se acentúen y no se resuelvan, ni con el sistema de la Restauración ni, mucho menos, con la posterior dictadura de Primo de Rivera (1923-1930). Llegados a este punto, la implementación de la II República y su derrota militar, representan el fracaso del último intento reformador democrático.

De la transición al presente

Lo que viene después ya lo explicaba muy bien a finales de 2009 el profesor Vicenç Navarro, en su artículo "La herencia nacionalista del fascismo": (...) Cuarenta años de dictadura y 32 de olvido de nuestra historia explican la enorme fuerza que aquella visión nacionalista españolista todavía tiene en sectores de la población que ven cualquier defensa de la identidad catalana como un separatismo (actual o potencial) o una defensa de privilegios. Y hoy las derechas (en complicidad con ciertos sectores confusos jacobinos de las izquierdas) están utilizando este anticatalanismo para movilizar un apoyo electoral, dividiendo y rompiendo España. Aunque tanto el PP como UPyD (en el caso de Catalunya, Ciutadans ocuparía el espacio de UPyD) se definen como no nacionalistas (limitando el término para definir los nacionalismos periféricos) ambos lo son profundamente, pues promueven un nacionalismo excluyente y enormemente opresor, heredero del fascismo (...). Como resultado final, en el Estado español, encontramos una pluralidad identitaria y un desconocimiento mutuo de esa diversidad, potenciado por las élites fáctico-históricas de siempre y sus potentes brunetes mediáticas, que ha imposibilitado, entre otras cosas, por ejemplo una solución de tipo federal o confederal. No es extraño, por tanto, que la construcción UE se transforme ahora, invalidada la opción de una España federal, en la vía lógica para encajar esta diversidad ibérica. Con este panorama, azuzado por el impacto una profunda crisis (que no sólo es económica, sino global, de modelo social y de valores), se explica mejor porqué el pasado 11 de septiembre salimos a las calles de Barcelona más de un millón de ciudadanos y ciudadanas.

El contexto electoral. ¿Qué transición nacional? 

Así llegamos a estas elecciones en Catalunya, en un contexto de frustración social, profunda estafa democrática y dictadura de los mercados, donde no es conveniente olvidar que el eje social, es tan transversal como el nacional y, de la misma manera, tan absurda es la teoría de que lo que está ocurriendo en Catalunya es, únicamente, una cortina de humo a la medida de CiU, como la de que con un Estado independiente, por si mismo, se solventarán todos los problemas sociales. Vale la pena que nos preguntemos sobre en qué país queremos vivir ¿Qué tipo de fiscalidad deseamos? ¿Qué modelo de Estado de bienestar? ¿Qué modelo productivo? ¿Cómo se va a redistribuir la riqueza? ¿Se trata de un modelo donde mandan los mercados o lo hará la ciudadanía? ¿Qué forma de Estado? ¿Qué regulación laboral? y podría seguir preguntando hasta el infinito, pero cierro los interrogantes con una última cuestión: ¿mientras llegamos a Ítaca, cómo se van a gestionar estos “pequeños detalles”? Tratar de vender que estas elecciones son “un plebiscito” o hablar del “voto útil soberanista” es faltar a la verdad; lo que aquí se dirime es un modelo de país que, en gran parte, dependerá de la correlación política (en un eje derecha-izquierda) que surja en el nuevo Parlament y, en todo caso, debería ser esta futura mayoría la que impulse, junto con un gran debate social, una consulta o referéndum que, ahora sí, tendría carácter plebiscitario y, desde luego, también legitimidad democrática.   

Creo que sobran razones democráticas, económicas, sociológicas e históricas -y base social- para legitimar la constitución de Catalunya como un nuevo Estado independiente en el marco de la UE, si sus ciudadanos y ciudadanas así lo deciden en las urnas, y también me parece que en estas elecciones es igual de importante no caer en la trampa de los "votos útiles" (que, al final, resultan los más inútiles) y optar desde la libertad de opción y sin determinismos interesados. Si la cosa va así, cabe esperar un Parlament más plural que, desde esa diversidad, podrá liderar -en mejores condiciones que con una eventual mayoría absoluta de CiU-  cualquier proceso, tanto si hablamos del modelo jurídico de construcción nacional, como si lo hacemos desde el punto de vista de la justicia social y la gestión de la crisis. Un Parlament diverso seguro que representará mejor toda la pluralidad de la sociedad catalana y, en cualquier caso, significará una base democrática más deseable en cuanto al diseño político y el grado de participación de la ciudadanía en un hipotético proceso constituyente. Desde ese punto de visita, el peor resultado electoral -social y nacionalmente hablando- sería una mayoría absoluta de la derecha que, me temo, resultaría dramáticamente reduccionista, y de la que, por cierto, no tenemos muy lejos un buen ejemplo de lo que podría significar: la transición "democrática" española es un perfecto espejo de lo que no debería de ser, en su caso,  la transición nacional de Catalunya si no queremos aumentar, todavía más, el lastre de la frustración.

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