diumenge, 25 de novembre de 2012

#25N: CiU y PSC castigados y todo está por escribir...


Artur Mas, aunque es un solvente político profesional y un profesional de la política eficiente (que, aunque se trate de un simple cambio de orden léxico, no significa lo mismo), tras los recortes más duros en décadas aplicados sobre la ciudadanía, y después de ser el alumno más aplicado, aventajado y precoz del fundamentalismo de la austeridad, no ha logrado eludir la factura electoral y, en el mejor de los casos, se le podría atribuir que ha logrado un aprobado muy justo en lo electoral, pero ha suspendido sin paliativos el examen político. La matrícula de honor (a la que aspiraba) hubiera sido la mayoría absoluta, pero, por suerte, en esta ocasión la ciudadanía ha ido más allá de los intereses partidistas de la derecha catalana y ha puesto las cosas en su lugar. Seguramente, ahora empieza lo complicado para el más que probable futuro President, y haría bien en recordar sus machaconas palabras durante la campaña electoral: aquello de propugnar “mayorías y soluciones excepcionales” para “tiempos excepcionales” y, desde ahí, pedir “excepcionalmente” prestado el voto. Una gran parte de los diputados convergentes se sentarán en sus escaños con un préstamo condicionado, proveniente de un electorado que no es el suyo (y, más pronto que tarde, una gran parte de esos votos, igual que ha llegado, se irán a otro lugar).

El crédito electoral cosechado por CiU me sigue pareciendo muy generoso (mucho más de lo que se merecen, bajo mi punto de vista…), pero no llega, ni de lejos, para cubrir la hipoteca de la mayoría absoluta. Esta es la primera buena noticia: una mayoría absoluta de la derecha convergente hubiera sido social y nacionalmente devastadora. Segunda buena noticia: el bipartidismo, por si quedaba alguna duda, ya es historia en Catalunya. El PSC se sigue su travesía por el desierto (que parece no tener fin) y pasa de reivindicarse durante la campaña como el “antídoto federalista” de la guerra de banderas entre CiU y el PP a -como ya escribí en otra entrada-  quedarse sin banderas ni soldados para ir a ninguna guerra. Es el resultado lógico: no se puede vender federalismo y justicia social con semejante bagaje. Lo que ha intentado el candidato Pere Navarro es algo, en la mejor de las acepciones que se me ocurre, esperpéntico y, al final, el PSC es el máximo (y me atrevería a afirmar el único)  responsable de su particular vía crucis. Al fondo de la caverna, el PP de Alicía Croff se queda casi igual y los neolerrouxistas de Ciutadans les comen la merienda. Con su pan se lo coman ambos, como buenos hermanos.

En la otra orilla, el sorpasso anunciado de ERC, la subida de ICV-EUiA y la eclosión de las CUP han roto la estrategia mesiánica y oportunista de Artur Mas y abren caminos por la izquierda (repito, por la izquierda). Estas formaciones recogen una parte inmensa del testigo de la ciudadanía que tomamos las calles el 11-S y el 14-N. Son caminos dibujados entre todos y todas desde la diversidad, con la movilización, la reflexión y los votos, que con toda seguridad, tocará transitarlos y darles sentido con más movilización, más reflexión y, cuando toque, más votos. La dimensión social es inseparable de la dimensión nacional, también cuando hablamos del derecho decidir y a lo largo de esta legislatura tocaría decidir cómo queremos los catalanes y catalanas relacionarnos con el mundo y, al mismo tiempo, decidir sobre el modelo social en el que queremos vivir y pervivir y, si para que eso sea posible, la legalidad es un impedimento, habrá que poner la democracia por delante de ella y superarla. Eso se llama evolución y es el motor de la historia.

Creo que estas elecciones han sido las más relevantes desde 1931 y, con el resultado sobre la mesa, la ciudadanía, a pesar de los fuegos artificiales y artificiosos de  la campaña, se ha puesto delante de la política y se expresado muy claramente: hay que cambiar el rumbo y toca ejercer el derecho a decidir en lo nacional y en lo social. En estos tiempos de neoliberalismo desbocado es urgente dar la vuelta a la tortilla y construir una Europa política y social, que ponga la economía al servicio de la ciudadanía, no al revés, y el encaje nacional de Catalunya -al igual que el social- en esa Europa no puede ser otro que el que decidamos, recuperando la vieja máxima del PSUC, los que trabajamos y vivimos en ella, desde la democracia y la plena participación social, sin esperar que nadie lo haga por nosotros. Todo está por escribir...

4 comentaris:

  1. Ese camino abierto por la izquierda hay que andarlo todos los días, cuantos más mejor, seguro que nos lleva a buen "puerto".

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  2. Ahora Artur Mas tiene que elegir entre seguir con la misma política económica, renunciando a la agenda nacional (o lo que es lo mismo: acercarse al PP) o quedarse con la agenda nacional, rectificando la política económica.

    Es lo que tiene perder votos por la izquierda y es lo que hemos votado.

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  3. L'autor ha eliminat aquest comentari.

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  4. Perdón, lo reescribo. Decía que...

    Hemos llegado a un punto en el que lo único que tenemos claro es que hay que salir primero de la situación en la que tanto el sistema capitalista como la ineptitud de nuestra casta política nos han metido y una vez tengamos algo firme sobrre lo que caminar lo consolidemos. Lógicamente no es la confirmación de las políticas que nos han arrastrado a este momento hipotecado el que debemos volver a pisar.

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