dilluns, 17 de desembre de 2012

Entre tots ho hem de fer tot...

Entre tots ho farem tot. Calendario1978

Se ha iniciado la décima legislatura parlamentaria en Catalunya desde la restauración de la Generalitat  tras la dictadura y, lo confieso, me encanta ver al PP contrariado a propósito del asunto de los “pactos postelectorales” a la hora de configurar mayorías. No es que sea perverso, ni que me guste que la gente lo pase mal, sino todo lo contrario: si a la derecha nacionalista española no le gusta algo, es señal de que cabalgamos y, por lo menos, no lo hacemos hacía el abismo; y eso, en términos de sufrimiento social, es una buena noticia. Más todavía, si la alternativa es la de Alícia Sánchez-Camacho, que durante la campaña electoral pedía compulsivamente el voto “para mantener España unida y acabar con la crisis”. Si se hubieran colmado y cumplido sus deseos y previsiones -de la misma forma que se cumplen en el Estado las del Gobierno de su partido en el ámbito de la política económica-  de la crisis no salimos y, de su modelo de España, mejor ni hablo, que es perder el tiempo. Creo que con las declaraciones de los Werts, Esperanzas y Maragallos es más que suficiente para que nos hagamos una idea.

Si al PP le disgustan cosas como que no existan mayorías absolutas en Catalunya (y menos de su cuerda económica), que se rompa el bipartidismo en mil pedazos y que el protagonismo político pase  directamente de las urnas al Parlament, en vez de ser otorgado a un determinado partido de derechas, a mi me encanta que esto sea así. Creo que la situación creada puede ser (al margen de novedosa y bastante sugerente para los politólogos) muy saludable para la democracia en términos de ciudadanía. Las urnas han sido muy claras: hay que rectificar la política social y ejercer el derecho a decidir en lo nacional. Y, a estas alturas, a nadie se le escapa  que ambos términos van muy relacionados: sin mecanismos de Estado es imposible levantar cabeza socialmente. Pero eso no significa que la independencia sea una poción mágica que lo cure todo. Al modelo nacional hay que darle contenidos, y es ahí donde habría sido trágico dejar todo el protagonismo a CiU. Me parece que esta idea ha sido interpretada por los votos sin matiz alguno.

Tras las elecciones, tenemos un parlamento con una composición compleja, que debe plasmar la voluntad de la ciudadanía desde cuatro variables: derecha, izquierda,  soberanismo  y unionismo (con toda la transversalidad que esas etiquetas entrañan). Con los números sobre la mesa, una primera lectura deja pocas opciones sobre el color del nuevo gobierno: por muchos matices que se puedan poner, la fuerza hegemónica sigue siendo CiU y caben pocas dudas sobre que el mejor situado para ocupar la presidencia del nuevo Govern es el candidato de CiU. Otra cosa es la acción política posible que, necesariamente, deberá ser consensuada. El dilema que se le presenta a  Artur Mas es optar entre seguir con la misma política económica, aparcando la agenda nacional o, lo que es lo mismo, seguir pactando con el PP (opción socialmente minoritaria) o bien, rectificar o matizar su política de austeridad y buscar apoyos desde un Gobierno en minoría, opción que, con este pacto de legislatura (más o menos ampliado o limitado) no me cabe duda que se va imponer, y no tiene por qué ser equivalente a un Gobierno “débil”. Si atendemos a las cuatro variables citadas, no hay otras vías, pero sí diferentes caminos, márgenes y posibles resultados que dependerán de como se combinen esas cuatro variables en la dinámica parlamentaria y, también en buena medida, de la respuesta social.

Desde la vertiente de la propuesta económica, seguro que ésta no era “la mayoría excepcional” que esperaba y deseaba Mas, pero es la que se ha encontrado y es su responsabilidad política asumirla y transitar por ella. No vale tirar piedras a otros tejados para eludir la responsabilidad de su gestión política y, de paso, la voluntad ciudadana. Existen caminos alternativos (otra cosa es que no se quieran ver ni reconocer) que permitirían repartir el coste de la crisis de una forma menos dolorosa socialmente y con un mayor grado de justicia y equidad: otra fiscalidad -más verde y progresiva-, desarrollo de nuevas actividades productivas, impulso de otro modelo de consumo, regulación del sector financiero y del mercado hipotecario… y  así, sucesivamente, detrás de cada medida neoliberal, considerada como inmutable por los adalides de la austeridad, podríamos proponer “contramedidas” más justas, solidarias y, sobre todo, efectivas. El reto es, desde la transversalidad del nuevo Parlament, dar la máxima cabida posible a estos caminos. Aquí, más allá del acuerdo entre ERC y CiU, toda la izquierda debería jugar un papel relevante y esto, sobre todo, debería tenerlo muy claro ERC si no quiere acabar fagocitado y sin identidad. 

En el campo de la autodeterminación, la cosa debería estar mucho más clara: con diez puntos más de participación, existe un amplio consenso (mayoritario) que va desde ejercer el derecho a decidir -sin matices- hasta el independentismo (los 87 diputados que suman CUP, ICV-EUiA, ERC y CiU), frente a los 28 escaños “unionistas” del PP y C,s, a los que podríamos añadir un tercer grupo más “heterogéneo”, vistas sus familias y debates internos: los 20 diputados “federalistas” del PSC, que, en su mayoría, propugnan el “derecho a decidir” dentro del corsé jurídico de la regulación estatal (que, mientras no se demuestre lo contrario, no permite decidir nada…). Pero no creo que se trate de, simplemente, sumar y restar, la cosa es bastante más complicada. Es sorprendente que en campaña electoral, para CiU, el ejercicio de la autodeterminación y la consulta era un camino único e irrenunciable que todo lo podía y, ahora, con una mayoría soberanista más cualificada, ha costado sangre y sudor sacar un cierto compromiso de CiU en este sentido. Se ha pasado del "sin mayoría absoluta no hay derecho a decidir" de la campaña electoral al "sin recortes no hay derecho a decidir (y ya veremos cuando)..." de ahora. Eso tiene un nombre y se llama perversión.

El derecho a decidir no debería estar condicionado, ni, menos todavía, como se pretende vender desde CiU, supeditado a una política de recortes (supuestamente ineludible). Al contrario: se le debería poner cara y ojos, y vincularlo a un modelo social avanzado. Copio y pego lo que escribí en la primera entrada que inauguró este blog, que, dos meses después, encaja muy bien en la nueva situación: Vale la pena que nos preguntemos sobre en qué país queremos vivir ¿Qué tipo de fiscalidad deseamos? ¿Qué modelo de Estado de bienestar? ¿Qué modelo productivo? ¿Cómo se va a redistribuir la riqueza? ¿Se trata de un modelo donde mandan los mercados o lo hará la ciudadanía? ¿Qué forma de Estado? ¿Qué regulación laboral? y podría seguir preguntando hasta el infinito... Tras el 11-S, el 14-N y el 25-N, sería deseable huir de tremendismos, provocaciones (que no van a faltar) y falsas disyuntivas tramposas. Habrá que sumar consensos y generar un debate social abierto -y muy participado-, que culmine en una consulta popular para poner o quitar legitimidades. El nuevo Parlament debe impulsar, garantizar y poner plazos y mecanismos para que todo esto sea posible, si es necesario llegado el momento, anteponiendo la justicia a la legalidad del Estado español. Entre tots ho hem de fer tot...

2 comentaris:

  1. "Su pacto es un pacto por la austeridad y con eso no hay libertad en el aula de mi hijo ni unas listas de espera que te intervienen cuando toca". La frase la ha pronunciado Joan Herrera hace unos minutos, replicando a Artur Mas durante el debate de investidura. Creo que ilustra muy bien el fondo de lo que se está dirimiendo y la suscribo del todo, en lo político y en lo personal. Mi reflexión: lástima que los 21 diputados no los tengan ICV-EUiA, otro gallo (y otros pactos) nos cantarían.

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  2. Sigo comentando el debate de investidura...

    Lo de Pere Navarro es de comedia almodovariana ¿Como se puede presentar alguien en política con la abstención como bandera, en este caso, sobre todo lo que ataña a la cuestión nacional? y pretender que nos lo tomemos en serio. Creo que será capaz de hacer llegar al PSC al fondo del pozo y seguir bajando. Queda claro que lo suyo es desafiar las leyes de la física, ya que de coherencia y táctica política anda bastante escasillo el hombre.

    Oriol Junqueras me encanta como político y parlamentario. No creo que, por coyuntura, sociología electoral y cultura política, ERC tuviera muchas más opciones que el pacto, pero habrá que ver hasta que punto es capaz de reconducir las políticas sociales y como va a casar eso de ser "Gobierno y oposición" a la vez, si es lo que pretende. Habrá que seguir los acontecimientos... En todo caso, para ERC, también vale la reflexión de mi anterior comentario, al menos hasta que no demuestren lo contrario.

    El discurso de David Fernàndez, de las CUP, no sólo me ha encantado, me ha llegado a emocionar: escuchar cierto lenguaje de la calle en sede parlamentaria creo que es, más allá de dignificante, un soplo de aire fresco que buena falta hace a la política. Creo que las CUP pueden -y ya lo están haciendo- aportar mucho al campo de la izquierda política.

    De PP y Ciutadans he escuchado exactamente lo que esperaba: oportunismo, basura, veneno y demagogia como bandera. Muy útil para tener más poltronas y muy coherente con su perfil político "grande y libre".

    Así lo veo...

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